El Peón Inútil

Por René Torres.

 

El asedio a la ciudadela negra se prolongaba ya por varios meses. Pese a su superioridad numérica, el ejército blanco no podía aún derrotar a las huestes enemigas, la razón de todo, lo constituían las provisiones que ya escaseaban, las negras en cambio alardeaban de sus bodegas repletas.

Candorosas damas de mortíferos poderes, macizas torres de inexpugnables murallones, heréticos alfiles de sonrisa irreverente, briosos corceles de galope caprichoso e hidalgos peones de paso regular, escuchan a un rey blanco de parsimonioso caminar.

 

 

¡Haced algo pronto! vocífero éste último, nuestros víveres escasean, ¡ataquen de una vez!. ¡La superioridad numérica de nada os vale, no conseguirán penetrar por ningún lado! respondió ufano el monarca negro. ¡Db4 póngase en movimiento! ordeno el Rc2.

¡No puedo majestad, respondió ésta, si destruyo la torre negra el jinete de c8 me mataría!.

¡Tampoco yo puedo hacer nada, intervino Tc6 sin que nadie la interrogara, si me acercó aunque sea un paso el caballo negro acabaría conmigo!

¡Alfil, caballos, gritó impaciente el rey blanco, vosostros sóis mi última oportunidad!

¡Imposible réplico Ad8, un hidalgo de afilada espada permanece em g7!

¡Ay de mí, exclamó el Ch6, el infante negro me tiene acorralado y el alfil negro vigila mis dos salidas!

¡Se olvida de nosotros, intervino un peón blanco, sin embargo, nada podemos hacer!. ¡Tengo mi paso bloqueado! dijo e3. ¡Si me muevo, el jinete negro acabaría conmigo! agregó f3. ¡El peón g7 me mira con ojos amenazantes! gimió g5.

¡Esperad hermanos, yo sé como destruir a nuestros enemigos, intervino finalmente el peón de g2!

¡Calla, respondieron a coro, eres un inútil, ni siquiera has podido dar un solo paso al frente porque el temor te inmoviliza!

¡No es verdad, respondió el joven g2, mientras ustedes corrían de un lado para otro sin encontrar una brecha por donde ingresar, yo he descubierto la forma de derrotar al enemigo! y diciéndo esto avanzó heroicamente un paso hacia adelante.

¡Defendedme pronto, ordeno el rey negro, un intruso ha aparecido en g3!

¡No puedo moverme a c6 majestad, exclamó la torre d6, si asalto a la torre blanca el caballo os destruiría!

¡Yo no puedo abandonar mi puesto! dijo a su rey el alfil e6, un jinete blanco penetraría por f7 o g4!

¡Ni yo galopar hacia ningún lugar, pues la dama negra enemiga derribaría nuestra torre y os aniquilaría manifestó el caballo c8!

¡Si yo acabo con el caballo, balbuceó el peón g7 el alfil os atacaría por la espalda! ¡Tampoco yo majestad puedo eliminar el soldado de f3, su caballo os mataría! se lamentó el peón e4.

Mientras esto acontecía el caballero negro de e2 galopaba con su espada al viento avanzando entre las huestes enemigas, el peón de g3 nada pudo hacer contra él y cayó muerto por un certero golpe de espada. Pero el jinete no se dió cuenta que dejó a su rey indefenso, oportunidad que el peón de f3 no desaprovecho y daga en mano fue hacia el rey negro enterrándosela en pleno corazón y dándole muerte.

Las piezas blancas comprendieron que el sacrificio de el péon al que todos llamaron inútil no fue en vano, y que gracias a su decisión y valentía lograron ganar esta batalla.